4 razones para la insubordinación

La RAE define la subordinación como “sujeción a la orden, mando o dominio de alguien”. Puesto así, resulta hasta atrayente la idea de rebelarse, aunque sea parcialmente, por solo romper con ese rígido esquema de poder. Sin embargo, una personalidad díscola en el puesto de trabajo ocasiona situaciones complejas con raíces profundas y motivos muy diversos. Es importante saber cuándo una persona está llevando la contraria por naturaleza o si existen preocupaciones externas espoleando esa actitud. En consecuencia, las soluciones y formas de actuar al respecto deben ser distintas. ¿Y qué mejor que decidir tras averiguar las razones para la insubordinación?

Antes de entrar en materia debemos recordar que, cuando una persona muestra un patrón de conducta obstructivo o poco colaborativo, la clave es no actuar precipitadamente. Es más: dar un paso atrás y respirar hondo son dos acciones que abren una ventana de tiempo utilísima para preguntarnos sobre las causas de los acontecimientos.

Dos razones para la insubordinación voluntaria…

¿Es una cuestión de ambición o de planes individuales? Si rechazar una orden posiciona a esa persona de tal manera que pueda ganar ventaja jerárquica o estratégica en la empresa, probablemente nos encontremos ante un problema laboral.

No obstante, pueden existir motivos ulteriores, como el testeo de límites. Hay quien jamás logra desembarazarse de la necesidad de poner a prueba la paciencia de los demás y hasta dónde llega su poder en cualquier relación. Desobedecer sistemáticamente es una forma de averiguar hasta dónde pueden salirse con la suya en situaciones en las que no ejercen una posición de control.

…Y dos razones para la insubordinación involuntaria.

El exceso de estrés, especialmente si afecta a distintas áreas de la vida de una persona simultáneamente, puede desencadenar patrones de conducta disruptivos para con sus relaciones profesionales y personales. Es un mecanismo de defensa psicológico natural, mediante el cual el cerebro usa la insubordinación como método de descarte de cualquier presión añadida. Es, por lo tanto, un tipo de situación en la que la persona afectada necesita ayuda, no reprimendas.

Por otro lado, un entorno de trabajo tóxico es caldo de cultivo para la tensión, especialmente si el grupo está condicionado por presiones externas, como la acumulación de proyectosCuando un trabajador encuentra sus condiciones de trabajo intolerables, las probabilidades de rebeldía aumentan cada día. Un ambiente de trabajo tóxico se nutre de políticas administrativas injustas, fallos al administrar relaciones interprofesionales por parte de los jefes de equipo o peticiones de trabajo incoherentes con lo que se espera de un trabajador.

Es por esas últimas dos razones que merece la pena pararse a pensar un segundo en las razones para la insubordinación de una persona. Una política excesivamente reaccionaria o estricta solo añadirá insulto al dolor y con el tiempo, seguramente, se convierta en un quebradero de cabeza para recursos humanos.

Y es que, al final, todos somos personas y la mejor manera de tratar con alguien que insiste en salirse de los objetivos comunes es preguntarse si está en condiciones de aportar su grano de arena de manera individual.

Sobre el autor

Daniel Matilla

Experto en comunicación y aprendizaje. Se ha recorrido varios países con una mochila y los oídos bien abiertos. ¿Su fuerte? Conectar con las personas gracias a la comunicación intercultural. En la actualidad, es el Director de Estudios y colabora con Ontranslation creando contenido.

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